Por pastor Charles Stanley
Lectura | Jueces 6.1-6
Uno de los grandes enemigos de la soberanía de Dios en nuestras vidas es el dinero. Cuando experimentamos tiempos de bendición económica, resulta fácil sentirnos autosuficientes, pensando que no necesitamos del Señor para tener éxito. En ese tiempo, Dios puede tener que atraer nuestra atención de una manera muy dolorosa.
Vemos esto en el pasaje de hoy. El pueblo se había vuelto rebelde y se había alejado de Dios. Por tanto, Él logró su atención tocándoles donde sabía que lo sentirían: en sus carteras. Específicamente, permitió que naciones hostiles arruinaran completamente el medio de subsistencia de Israel —sus cosechas— durante siete años. Esta agresión casi destruyó su modo de vida.
¿Cuál fue el resultado? Jueces 6.6 dice: “Los hijos de Israel clamaron a Jehová”. Es decir, se volvieron a Él e hicieron lo necesario para restaurar su relación con Dios. ¿Qué fue lo que provocó este arrepentimiento? La intervención directa del Señor y el estorbo a sus finanzas.
A lo largo de los años he hablado con muchas personas que han pasado por experiencias parecidas. Dios las prosperó, pero luego se apartaron de Él. Por tanto, el Señor quitó el obstáculo: su dinero. En la mayoría de los casos, el resultado fue una pasión nueva en sus vidas por conocer a Dios.
Recordemos que nuestro Señor es un Dios celoso (Éx 20.5-7). El Señor no permitirá que las bendiciones que nos da nos alejen de Él. Piense honestamente en sus prioridades hoy.
Pídale a Dios que Él gobierne sus finanzas, y también sabiduría para administrar, dirigido por Él, el dinero que le ha dado.
El peligro del dinero
1 Timoteo 6.6-19
El dinero es un elemento neutral que no es ni bueno ni malo. Pero, una fuerte pasión por el dinero puede ser causa de un gran peligro para nuestras almas. El Señor creó a la humanidad para que ésta lo amara, pero desde la caída, las personas han rendido su corazón a los deseos inferiores. El amor al dinero no sólo le roba a Dios su justo lugar en nuestros afectos, sino que también nos roba el contentamiento, abre la puerta a una serie de tentaciones y puede hacer que nos alejemos de nuestro Creador.
Pero la cantidad de dinero que tenemos no es la causa del problema. La raíz está en el deseo del corazón. Nunca parece que tenemos lo suficiente, no importa cuál sea nuestra situación económica. El atractivo del dinero promete placeres y seguridad, pero si nos consagramos a la búsqueda de la riqueza, descubriremos que ésta no satisface, y que al final lleva a la ruina y a la amargura de espíritu.
Marcos 4.19 habla del engaño de las riquezas. Piense en una ocasión en que usted compró algo que realmente quería. Recuerde el placer que le produjo.
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¿Siente usted todavía el mismo deleite, o ha disminuido el placer? La satisfacción de las posesiones es efímera y, por tanto, exige la búsqueda de más, en un esfuerzo por tener otra vez la misma sensación de satisfacción.
Solamente en Dios se hallan placer y seguridad permanentes. Él nos da con abundancia todas las cosas para que las disfrutemos (1 Ti 6.17), pero si dejamos que sus bendiciones se conviertan en nuestro principal deseo, perderemos nuestro contentamiento. Busque al Señor en su Palabra y mediante la oración; al aprender como deleitarse en Él, su alma tendrá una satisfacción constante y verdadera. |
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