Como ser un real triunfador
Por Jonh Maxwell
Cuando dicto mis conferencias en diferentes lugares del país, a menudo la gente me
pregunta por qué escribo libros. Me han hecho tantas veces la misma pregunta que quiero darle la respuesta antes que empiece a leer el primer capítulo de El lado positivo del
fracaso.
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He dedicado mi vida a enseñar a la gente a valorarse. Por eso es que dicto conferencias, grabo lecciones en casetes, preparo videos de entrenamiento y escribo libros. Es la razón por la que dirijo mi organización, el Grupo INJOY. Quiero ver a la gente triunfar. Quiero ver a cada persona con la que me relaciono convertida en un vencedor REAL.
Creo que para que una persona triunfe, necesita únicamente cuatro cosas. Podrá memorizarlas si recuerda la palabra REAL.
Relaciones: La habilidad que más se necesita para tener éxito es la de relacionarse con otras personas. Esto provoca un impacto en cada aspecto de la vida de una persona. Sus relaciones lo mejorarán o dañarán. |
Equipo: Una de las lecciones más importantes que he aprendido es que lo que está más cerca a usted determinará el nivel de su éxito. Si sus sueños son grandes, solo los alcanzará con un equipo.
Actitud. Las actitudes determinan cómo vamos a vivir la vida día a día. La actitud, más que la aptitud determinará la altitud.
Liderazgo. En el liderazgo todo se levanta y cae. Si desea mejorar el nivel de su efectividad personal, la única manera de hacerlo es aumentando sus habilidades de
liderazgo.
Si revisa cualquiera de mis libros, puede estar seguro que en él se encontrará con mi
interés de añadir valor en una de estas cuatro áreas. Este libro en particular lo he escrito
para que usted cambie su actitud sobre el fracaso. Léalo, empápese de él y deje que lo
ayude a transformar sus faltas en escalones al éxito. Mi deseo es que El lado positivo del
fracaso agregue valor a su vida.
¿Cuál es la mayor diferencia entre la gente que triunfa y la mediocre?
Todos fallamos, por más que tratemos que no.
—J.M. BARRIE
¿Qué es lo que destaca a los vencedores? ¿Por qué algunas personas alcanzan alturas
envidiables en tanto que otros caen estrepitosamente? Usted sabe de qué estoy hablando.
Llámelo suerte, bendición, «el toque del rey Midas», o como quiera. Pero la verdad es que
algunas personas parecen alcanzar cosas increíbles a pesar de lo difíciles que parezcan: Su
compañía terminó entre el cinco por ciento de las de más ventas nacionalmente pese a
haber perdido los mejores clientes. Encontraron formas ingeniosas de aumentar las
ganancias de su departamento a pesar de la amenaza de recortes presupuestarios. Ganaron
un título universitario mientras criaban dos hijos siendo padres que no tenían a más nadie
que les ayudara. Descubrieron extraordinarias oportunidades de negocio mientras sus
colegas seguían buscando sin hallar. O ganaron premio tras premio en su organización a
pesar de lo que parecía una anémica labor de equipo. No importa la clase de trabajo que
hagan. Dondequiera que estén, pareciera que con su sola presencia hacen realidad
cualquiera cosa.
Sin duda que a todos nos gusta pensar que estamos por encima del promedio. Pero los triunfadores parecen dejar el «promedio» en el polvo, tan detrás de ellos que parece un
recuerdo lejano.
¿CUÁL ES LA RAÍZ DEL ÉXITO?
¿Qué hace la diferencia? ¿Por qué a algunas personas les va tan bien? ¿Será por …
• el trasfondo familiar?
Crecer en una buena familia es algo por lo que cualquiera debería sentirse agradecido, pero no es un indicador confiable de ser la razón para el éxito. Un alto porcentaje de las personas exitosas viene de hogares destruidos.
• la riqueza? No, algunos de los hombres y mujeres de mayor éxito vienen de la clase
media y de la clase media baja. La riqueza no es un índice de éxito ni la pobreza es garantía de logros insignificantes.
• la oportunidad? Bueno, la oportunidad es algo muy especial. Dos personas con
dones, talentos y recursos similares pueden observar una situación dada, y una de ellas verá tremendas oportunidades en tanto que la otra no verá nada. La oportunidad está en el ojo del observador.
• Una alta moralidad? Me gustaría que esta fuera la clave, pero no lo es. He conocido
personas absolutamente íntegras que han logrado muy poco. Y he conocido
sinvergüenzas de un tremendo éxito. Usted también los conoce.
• la ausencia de dificultades? Por cada persona exitosa que ha esquivado a la
adversidad, hay una Helen Keller que venció incapacidades extremas o un Víctor Frankl que sobrevivió a horrores absolutos. Así es que tampoco es la ausencia de dificultades.
No, ninguna de estas cosas es la clave. Para decirlo en forma franca, yo sé solo de un factor que separa a los que se distinguen en forma consistente de los que no: La diferencia entre la gente mediocre y la gente de éxito es su percepción de y su reacción al fracaso. Ninguna otra cosa tiene la clase de impacto en la capacidad de las personas de alcanzar y llevar a cabo cualquier cosa que se propongan y deseen.
LO QUE NO SE APRENDE EN LA ESCUELA
El jugador de fútbol Kyle Rote Jr., dijo: «No tengo dudas de que hay muchas formas de ser un ganador, pero en realidad hay solo una forma de ser un perdedor, y esta es fracasar y no ver más allá del fracaso». La forma en que una persona ve el fracaso y lo enfrenta, sea que tenga o no la capacidad para ver más allá y mantenerse triunfando, impacta cada aspecto de su vida. Pero esa capacidad parece difícil de adquirir. La mayoría no sabe por dónde empezar para lograrla.
No tengo dudas de que hay muchas formas
de ser un ganador, pero en realidad hay solo
una forma de ser un perdedor, y esta es
fracasar y no ver más allá del fracaso.
—KYLE ROTE JR.
Aun a la gente positiva le cuesta aprender a ver positivamente los fracasos. Por ejemplo,
yo tengo fama de ser muy positivo. (Mi libro Actitud de vencedor se ha estado
reimprimiendo por más de quince años en inglés y también la Editorial Betania lo tradujo al
español.) Pero no siempre he podido transformar mis fracasos en victorias. Porque no
siempre he estado adecuadamente preparado para hacerlo. Estar preparado no es algo que
hayan querido enseñarme en el aula. Y los niños de ahora tampoco lo saben. Realmente, a
menudo el ambiente de la escuela refuerza los peores sentimientos y expectativas sobre el
fracaso de las personas.
Echemos una mirada a mis anteriores actitudes hacia el fracaso, y veamos si su experiencia es la misma mía:
1. Tenía miedo fracasar. Una experiencia que tuve en la universidad, junto con la forma
que reaccioné a ella, es típica de lo que muchos estudiantes enfrentan. El primer día de mi
primer año en la universidad, el profesor entró a la clase de historia de las civilizaciones y
con energía, dijo: «La mitad de ustedes no aprobará esta clase». ¿Cuál fue mi primera
reacción? ¡Miedo! Hasta entonces, nunca había tenido un fracaso en mis estudios. Y no
quería empezar ahora, de manera que la primera pregunta que me hice fue: «¿Qué querrá el
profesor?» La universidad se transformó en un juego que yo quería ganar.
Recuerdo que una vez memoricé ochenta y tres fechas para un examen porque mi
profesor creía que si se podían citar fechas era porque la materia se dominaba. Conseguí
una A en ese examen, pero tres días más tarde, había olvidado toda la información. Me las
arreglé para evitar el fracaso que temía, pero en realidad no logré nada.
2. No entendía eso de un fracaso. ¿Qué es un fracaso? Cuando era niño, yo creía que era un porcentaje. Menos de sesenta y nueve significaba fracaso. Setenta para arriba significaba éxito. Ese pensamiento no me ayudó. El fracaso no es un porcentaje ni un examen. No es un hecho aislado. Es un proceso.
3. No estaba preparado para el fracaso. Cuando me gradué de la universidad, lo hice entre el cinco por ciento mejor de la clase. Pero eso no quería decir nada. Había jugado con éxito el juego de la escuela y había absorbido un montón de información. Pero no estaba preparado para lo que me esperaba más adelante.
Me di cuenta de eso en mi primer trabajo. Como pastor de una pequeña iglesia rural, ese primer año trabajé durísimo. Hice todo lo que la gente esperaba de mí, y un poco más. Pero para ser sincero, me interesaba tanto conseguir personas que simpatizaran conmigo como en ayudar a los demás.
En esa iglesia se acostumbraba a que cada año los miembros votaran para decidir si reelegían a los líderes o no. Muchos de los líderes que yo conocí a través de los años apreciaban contar con que ellos habían sido confirmados por unanimidad en sus cargos. Mis expectativas eran altas mientras me preparaba a recibir mi primer respaldo por
unanimidad. Imagínense mi sorpresa cuando se contaron los votos: treinta y uno a favor, uno en contra y una abstención. Eso me dejó anonadado.
Cuando llegué a casa esa noche, llamé a mi padre, quien era un pastor veterano, ex
superintendente de distrito en la denominación, y presidente de una universidad.
—Papi—le dije—, no puedo creerlo. Trabajé tan duro para esa gente. He hecho todo lo que he podido.—Estaba a punto de echarme a llorar—. Alguien que votó contra mí quiere
que me vaya de la iglesia. Y una abstención equivale a un no. ¿Debería renunciar y buscar
otra iglesia?
Para mi sorpresa, escuché una gran risa al otro extremo de la línea.
—No, hijo, quédate donde estás—me dijo mi papá todavía riendo—. Es probable que nunca vuelvas a obtener una votación tan buena como esa.
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